Primer Encuentro ORBEM
Diego Plata, Montserrat Ramírez y Ricardo Martínez

El director de la FCPyS, Alejandro Chanona, y el coordinador del Centro de Relaciones Internacionales, Marco A. Lopátegui, inauguraron los trabajos de ORBEM junto a los organizadores. Foto: Diego Plata.
Con el objetivo de comprender los vínculos entre nuestro país y la potencia del norte se llevó a cabo el Primer Encuentro del Observatorio de la Relación Bilateral Estados Unidos-México (ORBEM), donde despuntó la perspectiva interdisciplinaria y la mirada crítica de especialistas, estudiantes y egresados de la Facultad.

Segunda mesa de análisis. Foto: Diego Plata.
En la apertura de los trabajos, el director de la Facultad, Alejandro Chanona Burguete, resaltó la necesidad de analizar los vínculos diplomáticos y económicos entre países, a partir de experiencias cotidianas y fenómenos culturales de alcance global, como el Super Bowl, utilizado como metáfora de las relaciones de poder e interdependencia internacional.
En la mesa: “Economía, comercio e integración regional: innovación y perspectivas de sustentabilidad”, Alberto Ángeles Rueda, alumno de Relaciones Internacionales, habló de la necesidad de la cooperación entre academia, gobierno e industria como eje fundamental para el desarrollo.
Cristopher Emmanuel de Jesús Pérez Guerra, también alumno de RI, contextualizó la situación política global durante la pandemia y analizó el papel de Estados Unidos, China y México. Su discurso se centró en el claro cambio de la diplomacia hacia escenarios de mayor hostilidad.
Al presentar la ponencia, “Economía verde y extractivismo gris”, Juan Carlos Lira González, de la carrera de Antropología, presentó una reflexión crítica sobre las tensiones culturales y geopolíticas en la frontera México–Estados Unidos. Desde una perspectiva social, analizó la energía como mecanismo de dominación, el extractivismo convencional y el verde, apoyándose en un estudio de caso de los parques eólicos del Istmo de Tehuantepec.

Yadira Gálvez Salvador. Foto: Ricardo Martínez.
En la sesión titulada, “Derechos Humanos y la relación binacional” se tocaron temas como la separación familiar por deportaciones, la militarización, migración y el cuestionamiento del derecho a la ciudadanía por nacimiento, premisas que están reconfigurando la dinámica regional bajo un enfoque de control biopolítico y exclusión.
Se expuso que las políticas migratorias implementadas por la administración de Donald Trump a partir de 2025, como el “Quédate en México”, registró cifras históricas de deportaciones de 500,000 a 600,000 en dicho año, pero aunque las cifras de deportación son altas, el éxito del gobierno estadounidense se basa en las «autodeportaciones» forzadas por el miedo, actuaciones políticas que han sido criticadas por organizaciones internacionales como Human Right Watch que las califican como violaciones a los derechos humanos.
La egresada Camila Fernanda Torrijos López centró su exposición en la maternidad transnacional y la separación familiar. Señaló que más de 12 millones de personas mexicanas residen en Estados Unidos, de las cuales 4.1 millones se encuentran en situación irregular, y que una proporción significativa corresponde a mujeres y madres. Explicó que la migración femenina suele responder a decisiones familiares colectivas orientadas a mejorar condiciones económicas, pero qué políticas como la “tolerancia cero” han derivado en separaciones familiares y afectaciones emocionales para madres e hijos, y denunció que el proceso de reunificación es un «laberinto» burocrático casi imposible para las mujeres deportadas.

Asistentes. Foto: Ricardo Martínez.
Por otro lado, la profesora Yadira Gálvez Salvador hizo referencia a las amenazas híbridas, aquellas que, frente a cualquier esfuerzo coordinado y de multidominio, combina cualquier tipo de acciones hostiles. También indicó que mientras los estados norteamericano y mexicano analizan, comprenden y desarrollan fuerzas de seguridad para enfrentar a los grupos criminales, éstos crecen de manera vertiginosa e incorporan nuevas tecnologías y capacidades para su operación.
Adelantó que si la estrategia tradicional de lucha contra estas organizaciones se basa en el descabezamiento, y no cambia una lógica de desmantelamiento de las redes en todas sus articulaciones, ya sea con presencia fuera de su nación o de actores políticos, será muy difícil encontrar una restauración de daños.
