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Recordar a nuestros difuntos es resistir al olvido
Nacer, como ciclo, significa también morir. Esta certeza es un hecho biológico, pero también un recordatorio, que viene desde nuestros ancestros, de que los vivos tenemos una conexión con nuestros muertos, y, por tanto, los debemos honrar, evocar y celebrar. Como mexicanos recordamos a nuestros seres queridos a través de ofrendas, rituales religiosos, el enflorado de tumbas, la elaboración de “calaveritas”, y, por supuesto, la gran festividad del Día de Muertos. La conmemoración del 1 y 2 de noviembre, en reconocimiento a los niños y a los adultos fallecidos, es una síntesis de tan diversas cosmovisiones y características a tal grado distintivas, que lo prime ro que tenemos claro es que esta celebración está muy lejos de ser homogénea.
