El cine, espejo del pensamiento
Diego Plata

Foto: ENAC UNAM
Miradas diversas sobre el séptimo arte como vehículo de pensamiento dieron vida al Primer congreso internacional de cine y filosofía, titulado: “Fin del mundo y futuros posibles”, el cual reunió a especialistas que abordaron el papel de este medio de comunicación como vía de reflexión cultural, literaria, social y religiosa.
Erick Suaste, académico de la Facultad, abordó el tema de la ciencia ficción como un género que anticipa los futuros posibles del mundo contemporáneo. Al ejemplificar con la película Soylent Green (1973), la cual predijo crisis actuales como la sobrepoblación y el calentamiento global, aseveró que lo ficcional puede tener dos dimensiones: una referencial, al reconstruir o representar aspectos de la realidad social; y otra especulativa, que permite imaginar escenarios futuros.
“¿Cómo es que la ciencia ficción imagina mundos posibles?”, cuestionó el ponente, para luego explicar que este tipo de narrativas crean hipótesis basadas en datos y tendencias de la realidad presente. Desde esta perspectiva, este tipo de cintas se convierten en un laboratorio narrativo, donde la imaginación y la crítica social se entrelazan.

Jonathan Juárez. Foto: Diego Plata.
En su intervención, Jonathan Juárez, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y la FES Aragón, exploró la relación entre el cine de terror y la fenomenología de la religión. Expuso que la filmografía, al recrear un universo onírico, funciona como una herramienta poderosa para divulgar ideologías y atraer audiencias. Precisó que el terror cinematográfico suele apoyarse en nociones de lo sagrado y lo profano, construyendo escenarios donde el mal puede o parece triunfar.
Detalló que el mal en el cine no sólo provoca miedo; también cumple una función política: educa al espectador frente al otro y ante lo desconocido, de tal modo que trasciende su dimensión de entretenimiento para convertirse en un espacio de reflexión sobre la moral y la alteridad.

Leticia Suástegui. Foto: Diego Plata.
Leticia Suástegui, de la FCPyS, centró su alocución en el tema de las adaptaciones literarias en el cine y cuestionó por qué los directores insisten en hacerlas y nosotros en verlas, si siempre, como público, nos van a quedar a deber.
En este tenor, presentó una tipología de adaptaciones: la ilustración, que traslada literalmente los elementos del texto; la transposición, que busca medios cinematográficos fieles al escrito; la interpretación, que ofrece una nueva mirada manteniendo el núcleo temático; y la adaptación libre, que toma la obra original sólo como inspiración. Desde su punto de vista, las adaptaciones representan oportunidades de reinterpretar textos a la luz de los valores contemporáneos.

«El cine alcanzará su verdadera expresión artística cuando dejemos de vincular sus imágenes con la literatura…» Foto: Diego Plata.
Luego de aclarar que existe un malentendido persistente que reduce al cine a lo visual y al espectador a un receptor pasivo, aseguró que el lenguaje cinematográfico posee su propia autonomía semántica. Para ilustrar su punto, retomó las ideas de Virginia Woolf, quien consideraba que el cine alcanzará su verdadera expresión artística cuando dejemos de vincular sus imágenes con la literatura; por ejemplo, siguió, El Padrino, que es una obra literaria con ciertas deficiencias se transformó en una pieza cinematográfica magistral.
Los ponentes del Congreso coincidieron en que el cine no sólo representa historias, sino interpreta el mundo, proyecta sus posibles futuros y dialoga con las preguntas más profundas de la humanidad.
