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Mis vivencias al llegar a la Facultad

Mtro. Gabriel Campuzano Paniagua.
Jefe del Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED)

La tecera sede de la FCPyS estaba ubicada en el capus central de C.U. y era conocida como la "escuelita".

Ingresé en 1975 a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. 
El director Víctor Flores Olea recién había concluido su encargo y la Junta de Gobierno de la UNAM designó como sucesor a Julio del Río Reynaga para el periodo 1975-1979. Yo era apenas el segundo de mi familia en ingresar a la educación Superior.
El presidente Luis Echeverría (1970-1976) había sido invitado por el rector Guillermo Soberón (1973-1977-1981) a la inauguración de los cursos de ese año. La ceremonia se llevó
a cabo en el auditorio “Salvador Allende” de la Facultad de Medicina de nuestra Universidad; sin embargo, ésta resultó tortuosa por el ambiente de inconformidad de estudiantes y trabajadores, lo que convirtió al lugar en un manicomio por el abucheo al primero e incluso al segundo.
Recordemos que entonces el conflicto y matanza estudiantil de 1968 y del jueves de Corpus de 1971 estaban muy recientes y Echeverría había sido un protagonista. Fue una pésima idea invitarlo. Con su arrogancia característica y en medio de un auditorio enardecido, que no paraba de gritarle “fuera”, “fuera”, “fuera” él les gritó “jóvenes fascistas” y entonces el tono de la protesta fue peor. Lo sacaron por alguna de las puertas traseras y un guijarro, lanzado por los estudiantes que lo perseguían, lo golpeó en la cabeza. Con esta noticia inicié mi vida universitaria.
El ambiente de la Facultad me sorprendió y entusiasmó en gran manera; me fascinó el discurso de mis profesores, su juicio crítico y la profundidad para abordar los temas. En 1977 participé en las elecciones para el Consejo Técnico y resulté electo para el periodo 1977-1979 como representante de los alumnos de Administración Pública. En el Consejo Técnico conocí al doctor Antonio Murguía Rosete, representante del profesorado de
Relaciones Internacionales, con quien he mantenido una amistad entrañable hasta el día de hoy. Otros consejeros docentes también me brindaron la gracia de su amistad, que a lo largo del tiempo he atesorado.
La generación 1975-1979 era apenas la número 25 de una dependencia académica creada en 1951 como Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, y que en 1968 se transformó en Facultad, a partir de las primeras maestrías y doctorados. El ambiente era sensacional porque, como era pequeña y estaba situada en el circuito escolar interior, cerca de Derecho y Economía, teníamos oportunidad de conocer a compañeras y compañeros de otras licenciaturas; además, las materias iniciales obligatorias permitían que estudiantes de las diversas carreras cursáramos materias comunes, por ejemplo: Técnicas de redacción e investigación documental, Introducción a la Ciencia Política (Gerardo Estrada), a la Sociología (Gabriel Careaga) y al pensamiento administrativo (Erika Döring), entre otras. Mis inicios en la vida docente se remontan al 16 de abril de 1978, cuando firmé mis primeros nombramientos como “Ayudante de profesor”. 

Dos “monstruos” académicos (uso monstruos en el sentido en el que Cervantes se refirió a Lope de Vega, en el Siglo de Oro español: “monstruo” significaba, entonces, algo prodi-

gioso y extraordinario que se sale de las reglas comunes de la naturaleza), José Florencio Fernández Santillán y Ricardo Uvalle Berrones, jóvenes profesores de mi gremio, me hicieron el favor de invitarme a participar en la academia como su ayudante de clase. Claro que acepté la oportunidad de aprendizaje que las ayudantías me abrirían en ese momento, y así empezó una aventura académica de docencia de casi 48 años. Aprendí (rápidamente) a dominar el “pánico escénico” que, a veces, todavía me agobia. El ambiente en general era muy alegre y tranquilo, excepto cuando, eventualmente, había disparos. Tomaba clase de 7 a 9, de Administración Estatal y Municipal, con Mauricio Valdés Rodríguez, importante figura del ámbito de administración pública (presidente municipal de Texcoco, diputado y varios otros encargos administrativos). En una ocasión en la cual tomábamos clase en un salón con ventanales que daban a las islas y al Auditorio Alfonso Caso, no puedo explicar la razón de que todos, junto con el profesor, estuviéramos viendo al mismo tiempo a las islas, cuando de repente, dos personas, al más puro estilo del viejo oeste, sacaron sus armas y empezaron a dispararse. Uno de los sujetos le dio al que daba la espalda hacia nuestra aula, los gritos y llantos llenaron el salón (por el temor de que una bala pegara en los ventanales). El maestro cambio de color y gritó: “tírense al piso”; como yo estaba sentado cerca de la puerta preferí salirme y cuando todo se tranquilizó, volví, pero él pensó que apenas iba llegando y no me dejó retomar mi lugar, aun cuando mis pertenencias estaban en la banca. Unos meses más adelante, ocurrió otro lamentable suceso, el secuestro y posterior asesinato de Hugo Margáin Charles, director del Instituto de Investigaciones Filosóficas e hijo de Hugo B. Margáin (secretario de Hacienda y embajador de México en los Estados Unidos). Hacía mi Servicio Social en el Departamento de Personal, en el horario vespertino; el jefe era José F. Fernández Santillán. Las oficinas estaban en un espacio con ventanales de cristal, le decían “la pecera”; ahí había funcionado la antigua, famosa y mítica cafetería de la Facultad. La tarde-noche de los acontecimientos estábamos culminando las tareas cuando de repente escuchamos varias detonaciones de balas y al poco tiempo pasaron varios individuos embozados llevando a otro encapuchado y forcejeando con él. Escaparon por la Facultad rumbo al circuito. Posteriormente, nos enteramos de quién era la persona secuestrada y asesinada y que los perpetradores habían sido miembros de la Liga Comunista 23 de septiembre. Con mucho entusiasmo y nostalgia estuve presente en la ceremonia de 1984 cuando se inauguraron las nuevas instalaciones que actualmente ocupa la Facultad. Espacio físico y académico donde he desarrollado la mayor parte de mis actividades como profesor y como funcionario académico administrativo al servicio de nuestra institución. A partir de esa fecha tengo otras memorias y vivencias que espero relatar en otra ocasión.

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